Historia

Foto AtentadoCasa Ciriaco atesora la esencia de la taberna clásica madrileña como templo de la tertulia ilustrada y epítome de la gastronomía más castiza pero, al mismo tiempo, es fedatario de la memoria colectiva, ya que fue testigo privilegiado de un episodio trascendental de la historia de España. El 31 de mayo de 1906, el pueblo de Madrid celebraba el enlace nupcial de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenmberg ajeno a la terrible tragedia que se avecinaba..

La comitiva volvía de la iglesia de los Jerónimos camino del Palacio Real cuando el anarquista Mateo Morral Roca, que se alojaba en una pensión del número 88 de la calle Mayor (hoy número 84), arrojó desde el balcón de su habitación una bomba envuelta en un ramo de rosas pálidas. El artefacto tropezó en su trayectoria con el tendido del tranvía y acabó estallando sobre el gentío. Los Reyes resultaron ilesos, pero el balance fue terrible. Veinticuatro muertos y más de 100 heridos.

Antes de que los hermanos Ciriaco y Pablo Muñoz Sanz adquirieran la taberna que tomaría el nombre del primero en 1929, el establecimiento ya formaba parte del paisaje urbano de la calle Mayor, donde había sido almacén de vinos desde 1887. Ese hilo invisible se ha prolongado durante más de 130 años convirtiéndolo en un lugar de visita obligada. Y no solo porque la historia se detuviera ante su puerta en 1906, sino porque sus muros han acogido a lo más granado de la intelectualidad española del último siglo.

Valle-Inclán convirtió la taberna en la Cueva de Zaratustra, como recuerda una placa de mármol que figura en su fachada. Y el periodista Julio Camba, anarquista en su juventud, conservador en su madurez y genio en todo momento, creó una tertulia que aún pervive. El inolvidable académico y dibujante Antonio Mingote la presidió hasta su muerte y diseñó además el sello de la casa. Asiduos de Casa Ciriaco fueron igualmente los pintores Ignacio Zuloaga y Sebastián Miranda o los toreros Domingo Ortega y Juan Belmonte. Y, precisamente, como tributo a la tauromaquia todavía se celebra la tertulia Amigos del conde de Colombí. Pero la tasca ha acogido, además, a célebres abogados, actores, políticos y monarcas. Juan Carlos I, siendo Rey de España, y el entonces príncipe Felipe han disfrutado complacidos de su gastronomía.

Fotos Mateo Morral 3Tras el magisterio que durante 50 años ejercieron los hermanos Muñoz Sanz, en 1967 tomaron el relevo Ángel y Godofredo Chicharro, que desde sus inicios contaron en los fogones con Amparo Moreno, ejemplo vivo del mejor recetario madrileño. El fallecimiento en 2015 de Godofredo, ocho años después de la muerte de su hermano, dejó el negocio en manos de su sobrino Paco. La transición no fue sencilla y provocó que a mediados de 2018 la legendaria taberna viviera momentos de incertidumbre que amenazaron su continuidad. Afortunadamente, Alfonso Delgado  y Daniel Waldburger, propietarios, respectivamente, de Casa Alberto y La Casa del Abuelo, además de presidente y vicepresidente de la Asociación de Restaurantes y Tabernas Centenarias de Madrid, acudieron al rescate.

El pasado 26 de septiembre, Casa Ciriaco reabrió sus puertas tras un proceso de actualización que le ha permitido lucir sus mejores galas sin perder un ápice de autenticidad. Por eso hoy, con todo merecimiento, es un clásico renovado. El actual encargado y maestro de ceremonias, Carlos Figueroa, no esconde su entusiasmo. Procedente del restaurante Lux Madrid (Grupo La Máquina), lidera un equipo que aúna juventud y experiencia, con Cristina Alonso en los fogones, deudores de una cocina franca que ofrece clásicos de siempre como la gallina en pepitoria (según una receta de más de 100 años), los callos, rabo estofado, las albóndigas de ternera o el cocido madrileño, aunque la carta no acaba ahí y obsequia con una suculenta oferta de entrantes, ensaladas, arroces, pescados, carnes y postres.

El local mantiene la narrativa heredada, pero ha ampliado sus horizontes. La barra, preserva intacta la tradición. Vinos de Valdepeñas, Madrid, Toledo, Toro, Rioja, Ribera del Duero, Navarra..., vermut Casa Alberto, vino del Abuelo y cerveza tirada con conocimiento.

Los comedores, que aparecen ahora luminosos y despojados de sus viejos cortinajes, se encuentran articulados a través de una cocina abierta que muestra las entrañas de la vieja taberna. Las paredes son una miscelánea de imágenes dispuestas por temáticas: la tauromaquia, el regicidio frustrado, las celebridades y, al fondo, el salón Real, en el que se suceden los recuerdos monárquicos y gran variedad de efectos militares, todo ello bajo la atenta mirada del Apóstol Santiago que, esculpido en piedra, preside la escena. No en vano, Casa Ciriaco, que también alberga dos cuevas de enorme interés, es un lugar de peregrinaje donde, muy probablemente, los parroquianos alcanzan, antes o después, algún tipo de ‘indulgencia plenaria’.

 

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